Yo no se en que momento de mi convulsionada adolescencia me obsesioné con la idea de un viaje en tren. En mi querido país esta posibilidad no existe, sólo conozco un tren estacionado en la Hacienda Santa Teresa, y alguna foto tengo allí.
Por allá en el 2009, fiebruísima y con ganas de comerme al mundo (aún las tengo), compré un ticket en la Estación Termini en Roma con destino a Venecia a bordo de un tren. La emoción no cabía en mí. El tren partía cerca de las 11 pm, y estábamos en la estación 1 hora antes.
El primer logro fue ubicar exactamente donde partía el tren, para ello yo me quedé cuidando los bolsos (los Venezolanos ni es Suiza dejamos los bolsos solos) y mi novio se fue a ubicar el sitio, que al final no resultó ser tan complicado.
Esperábamos el tren, y llegaba muchísima gente, para mi sorpresa eramos muchos en la espera. Sin entender la razón presenciamos muchas despedidas en llanto, una nena que se despedía de su chico y le dejaba un osito de peluche y emociones así. La verdadera complicación vino al abordar el tren, los asientos que teníamos asignados eran numerados, 4 italianos toscos nos indicaron que "los asientos estaban ocupados" señalando sus tickets y mostrándonos que tenían los mismo asientos asignados, nosotros pensamos que era que habían sobrevendido los boletos y que nos tocaría viajar en donde nos agarrara la noche. Segundos después entra 1 chica y 3 chicos italianos y "literalmente" corrieron a estos señores de sus asientos, salvándonos el viaje, resulta que sus tickets eran del siguiente día y estaban de abusadores.
Finalmente instalados con nuestros otros cuatro compañeros, cruzamos unas cuentas palabras entre en poco español de uno de ellos y nuestro nulo italiano, nos preguntó si eramos Peruanos, y nos dijo que él había vivido en Vzla siendo niño en el Estado Trujillo, compartimos chucherías en el camino y luego a dormir un rato.
Al despertar cerca de las 4y30 am, sólo tuve que esperar un poco más para pisar la "Ciudad de los Canales" y enamorarme de ella, perderme en sus calles. Me tomé el café más caro en la vida, pero vi la salida del sol en un café veneciano.
Indiscutiblemente Venezia es tan hermosa como la pintan. Perderse en esas complicadas calles sin rumbo es un "must" para cualquier viajero. La plaza San Marcos si es un lugar hermoso como han dicho muchos personajes.Las casas y sus colores son pintorescos. Los pequeñas tiendas gastronómicas son atractivas, compré un pesto espectacular. El paseo en góndola quedó pendiente.
El año pasado vi "Before Sunset" y este año leí "Asesinato en el Oriente Express" y ya quiero montarme en tren otra vez.
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